Día 03
13 Mayo, 2018
Día 05
15 Mayo, 2018

Día 04

El amor es rocío que fecunda

Así nos lo hace rezar la Santa Iglesia: que la efusión del Espíritu Santo purifique nuestros corazones y los fecunde con la íntima aspersión de su rocío. El amor fecunda los buenos deseos, los santos propósitos y las obras santas el corazón: estas son las flores y los frutos que produce la gracia del Espíritu Santo.

El amor se llama también rocío que suaviza los ardores de los malos deseos y de las tentaciones. Por eso llamamos también al Espíritu Santo sombra y frescura en el calor, “en el ardor templanza y dulce frescura”.

Este rocío desciende a nuestro corazón cuando oramos. Basta un cuarto de hora de oración para serenar todas las pasiones del odio y del amor desordenado, por ardientes que sean. “El me hizo entrar en la bodega y enarboló sobre mí la insignia del amor” (Cant. 2,4). La santa meditación es precisamente esta bodega donde se ordena el amor, amando al prójimo como a nosotros mismos y a DIOS sobre todas las cosas.

Quien ama a DIOS, ama la oración, y quien no ama la oración es imposible moralmente que supere sus pasiones.

 

ORACIÓN

Santo y Divino Espíritu, ya no quiero vivir más para mi mismo; los días que me quedan de vida quiero gastarlos en amarte y complacerte. Por eso te suplico que me concedas el don de la oración. Ven a mi corazón y enséñame a hacerla como se debe. Dame la fuerza para no dejarla por aburrimiento en tiempo de aridez y dame el espíritu de oración es decir, la gracia de estar siempre rogándote y dirigiéndote aquellas oraciones que más gratas sean a tu corazón.

Me había perdido por mis pecados, pero veo que tú, con tantas delicadezas que has tenido conmigo, me quieres salvo y santo; quiero hacerme santo para agradarte y para amar más tu infinita bondad. Te amo mi supremo bien, mi amor, mi todo y porque te amo me entrego todo a ti.

María, esperanza mía protégeme. Amén.