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15 Mayo, 2018
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17 Mayo, 2018

Día 06

El amor es la virtud que da fuerza

“El amor es fuerte como la muerte…” (Cant. 8,6). Así como no hay cosa creada que pueda resistir a la muerte, para el corazón que ama no hay dificultad que se resista ante el amor. Cuando se trata de complacer a quien uno ama, el amor lo supera todo: pérdidas, desprecios y dolores: “Nada es tan duro que el fuego del amor no lo ablande”, decía San Agustín.

Esta es la señal más segura para saber si uno ama realmente a DIOS: si es fiel el amor tanto en la prosperidad como en la adversidad. Decía San Francisco de Sales que: “DIOS es tan amable cuando nos consuela, como cuando nos reprende, porque todo lo hace con amor”.

Cuanto más nos reprende en esta vida, mas nos ama, San Juan Crisóstomo consideraba más feliz a San Pablo encadenado, que a San Pablo arrebatado al tercer cielo. Por esto los santos mártires se alegraban y daban gracias al Señor, porque les concedía la inmensa gracia de sufrir por su amor. Y los otros santos se mortificaban con sus penitencias para dar gusto a DIOS. Dice San Agustín que “quien ama no sufre y si sufre, el mismo sufrir lo ama”.

 

ORACIÓN

Oh DIOS de mi corazón, yo digo que te amo; pero ¿Qué puedo hacer por tu amor? Nada; señal de que no te amo o te amo muy poco. Jesús mío, envíame entonces al Espíritu Santo, que venga a darme la fuerza para sufrir por tu amor y hacer cualquier cosa por ti antes que me llegue la muerte. No permitas que muera, amado mío, Redentor, tan frío e ingrato como he sido hasta ahora.

Concédeme la fuerza de amar los sufrimientos después de haber tantas veces merecido el infierno por mis pecados.

DIOS mío, todo bondad y todo amor, tu deseas habitar en mi corazón, del cual tantas veces yo te he arrojado; ven, habítame, poséelo y hazlo tuyo. Te amo, mi Señor y si te amo ya estás en mí, como me lo asegura San Juan: “… El que permanece en el amor, permanece en DIOS, y DIOS permanece en el” (Jn. 1,4-16). Y ya que estas en mi, acrecienta el fuego, estrecha las cadenas para que no busque ni ame otra cosa sino a Ti, y así, unido a Ti, no quiera separarme de tu amor. Quiero ser tuyo, Jesús mío, todo tuyo.

María, reina y abogada mía, alcánzame el amor y la perseverancia. Amén.