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El amor hace que DIOS habite en nuestro corazón

El Espíritu Santo se llama “dulce huésped del alma”. Esta es la gran promesa que Jesucristo hizo a quien le ame, cuando dijo: “Yo rogaré al Padre, y El les dará otro paráclito para que este siempre con ustedes” (Jn. 14,16). Porque el Espíritu Santo jamás abandona a un alma, a menos que el alma lo rechace: no abandona, si no es abandonado.

DIOS habita, pues, en un corazón que le ama; pero no está contento si no lo amamos con todo nuestro corazón. San Agustín dice que el senado romano no quería admitir a Jesucristo en el número de sus dioses, porque era un DIOS soberbio que quería ser exclusivo y que se le adorara solo a él. Y así es: DIOS no quiere rivales en el corazón que ama; quiere estar El y solo El ser amado. Y cuando no se ve amado con esta exclusividad, envidia por así decirlo, según escribe San Jerónimo, a las criaturas, que tienen parte en este corazón que El quiere solo para sí; no piensen que la escritura afirma en vano: “el alma que DIOS puso en nosotros, está llena de deseos envidiosos.” (Santa. 4,5). En resumen, como dice San Jerónimo: “Jesús es un DIOS celoso”.

Por eso el esposo celestial alaba el corazón que, como una tórtola, vive solo y se mantiene oculto en el mundo. Porque no quiere que el mundo tenga su parte en un amor que quiere solo para Sí. Por eso alaba a su esposa llamándola jardín cerrado: “jardín cerrado eres, esposa mía.” (Cant. 4,12), porque has de ser jardín cerrado para todos los amores de la tierra.

¿Acaso no se merece Jesucristo todo nuestro amor? Todo entero El se entregó, nada se reservó para sí, nos dice San Juan Crisóstomo. El te ha dado su sangre y su vida, nada le queda para darte.

 

ORACIÓN

Comprendo, DIOS mío, que me quieres todo para ti; yo tantas veces te he arrojado de mi corazón y tú no has rechazado volver a unirte conmigo, toma ahora posesión de todo mi ser, hoy me entrego ti. Acéptame y no permitas que en adelante viva por un momento sin tu amor; tú me buscas a mí y yo te busco solo a ti; tu deseas mi corazón y mi corazón te desea solo a ti; tú me amas y yo te amo; y si me amas, úneme a ti para que nunca me aparte de ti. Reina del cielo, a ti me entrego. Amén.