Etapas de formación

Postulantado:

Etapa previa a la entrada en el noviciado, en la que ha de comprobarse la validez de la llamada. Es un tiempo dedicado al mutuo conocimiento. Durante él, las Superioras conocerán a las candidatas y éstas al Instituto.

Noviciado:

Es un tiempo de iniciación integral al género de vida que el Hijo de Dios asumió y que Él nos propone en el Evangelio, en uno u otro aspecto de su servicio o de sus Misterios.

Juniorado o Profesión temporal:

Profesando públicamente los votos de castidad, pobreza, obediencia y promesa de humildad, la religiosa se consagra a Dios por el ministerio de la Iglesia y se incorpora al propio Instituto, con todos los derechos y deberes estipulados en estas Constituciones.

La primera profesión inaugura una nueva fase en la formación. Ésta surge del dinamismo y la estabilidad que trae consigo la consagración. En ella, la religiosa, recoge los frutos de las etapas precedentes, continúa su propio crecimiento humano y espiritual por la práctica animosa de aquello a lo cual se ha comprometido y mantiene el impulso recibido en el noviciado.

Profesión perpetua:

Cumplido el tiempo de los votos temporales, la religiosa que lo pida espontáneamente y sea considerada idónea, debe ser admitida a la renovación de sus votos o a la profesión perpetua.

Antes de la profesión perpetua, la religiosa hace, en la medida de lo posible, los Ejercicios Espirituales de San Ignacio durante un mes. Ésto, a fin de vencerse a sí misma y de ordenar su vida según el espíritu del Instituto, sin determinarse jamás por afición alguna que desordenada sea. No puede ser dispensada de ellos sino por la Madre General y su Consejo, en algún caso extraordinario, pues es uno
de los medios más eficaces de formación del espíritu y como el alma de esta etapa previa a los votos perpetuos.