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San Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia

II Corintios 3, 15–4, 1; 3-6

3 15 Hasta el día de hoy, siempre que se lee a Moisés, un velo está puesto sobre sus corazones. 16 Y cuando se convierte al Señor, se arranca el velo. 17 Porque el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad. 18 Mas todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más gloriosos: así es como actúa el Señor, que es Espíritu.

4 1 Por esto, misericordiosamente investidos de este ministerio, no desfallecemos.

3 Y si todavía nuestro Evangelio está velado, lo está para los que se pierden, 4 para los incrédulos, cuyo entendimiento cegó el dios de este mundo para impedir que vean brillar el resplandor del Evangelio de la gloria de Cristo, que es imagen de Dios. 5 No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por Jesús. 6 Pues el mismo Dios que dijo: De las tinieblas brille la luz, ha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para irradiar el conocimiento de la gloria de Dios que está en la faz de Cristo.

 

Salmo 85, 10; 11-12; 13-14

10 Ya está cerca su salvación para quienes le temen, y la Gloria morará en nuestra tierra.

11 Amor y Verdad se han dado cita, Justicia y Paz se abrazan; 12 la Verdad brotará de la tierra, y de los cielos se asomará la Justicia.

13 El mismo Yahveh dará la dicha, y nuestra tierra su cosecha dará; 14 La Justicia marchará delante de él, y con sus pasos trazará un camino.

 

Mateo 5, 20-26

20 «Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. 21 «Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal. 22 Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano “imbécil”, será reo ante el Sanedrín; y el que le llame “renegado”, será reo de la gehenna de fuego. 23 Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, 24 deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. 25 Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. 26 Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.