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Alicia Echeverri Calle

Algunos aspectos que podemos resaltar de nuestra Madre son:


Su profunda vida interior que la llevó a que todo aquel que a ella se acercara, se sintiera amado por Dios;
Su gran deseo de cumplir plenamente la voluntad de Dios, haciendo vida el carisma recibido;
Su tierno amor hacia la Santísima Virgen;
Su fidelidad a la Iglesia y obediencia a los pastores;
Su anhelo por la salvación de las almas;
Su inmensa alegría, aún en medio de los sufrimientos;

Su gran celo apostólico, especialmente el anhelo de que cada persona tuviera un encuentro personal con Jesucristo

Mi historia

Nuestra Madre Alicia Echeverri Calle nace en Medellín (Antioquia), el 6 de agosto de 1933, en una familia tradicional antioqueña; era la segunda de tres hijos en el hogar de Roque Echeverri Montoya y Sofía Calle de Echeverri. Recibe el sacramento del Bautismo el 10 de agosto de 1933 y es confirmada el 23 de noviembre del mismo año.
A la edad de cinco años recibe por primera vez el sacramento de la Eucaristía. Cuando cumple cuatro años ingresa al colegio La Enseñanza de la Compañía de María, en Medellín, allí se gradúa como Bachiller. Por petición de su padre es enviada a Francia para ampliar sus conocimientos intelectuales y culturales.

Ingresa a la Compañía de María el 2 de febrero de 1954 y el 21 de noviembre de ese mismo año inicia su Noviciado; el 10 de febrero de 1957 realiza su primera Profesión; emite sus Votos Solemnes el 3 de febrero de 1962. Obtiene el grado de Licenciada en Ciencias Sociales en el año 1959 y se desempeña como educadora en varios Colegios de la misma Orden Religiosa, en las ciudades de Medellín, Bogotá, Pasto y Barranquilla. A partir de 1973 alterna permisos de exclaustración y de ausencia de su Comunidad con tiempos de permanencia en Comunidades de la Compañía, para atender a su mamá ahora enferma. En una de sus estadías en Miami conoce la Renovación Carismática, regresa a Medellín con todo el ardor y el entusiasmo del Espíritu e inicia grupos de oración y seminarios de Vida en el Espíritu. Por un período de siete años atiende junto a Monseñor Alberto Restrepo, la Casa de Oración del Poblado. Es muy cercana a Monseñor Alfonso Uribe Jaramillo, a quien considera su Padre Espiritual. Participa de los equipos de Pastoral Juvenil y de Pastoral Profética de la Arquidiócesis de Medellín. Es miembro muy activo del SICAR (Servicio Integral Carismático Católico) desde 1975 hasta 1994, en la ciudad de Medellín. Fundadora de la Comunidad Laical “La NuevaJerusalén”. Cofundadora de la Institución La Barca Sagrada de Jesús, la que tiene como misión ayudar a rehabilitar personas con adicción a las drogas. Cofundadora del Centro de Espiritualidad y Evangelización “El Ave María” en el año 1994, en este espacio ubicado en la vereda Guamito del municipio de Guarne y que sería más adelante la cuna de nuestra Familia Religiosa, son numerosas las personas que han tenido un encuentro personal con el Señor. Su vida de oración, la experiencia comunitaria y la acción apostólica realizada durante estos años, la llevan a fundar la Familia Religiosa de las Hijas e Hijos del Fiat en la Diócesis de Sonsón-Rionegro, proceso que inicia en compañía de otras cinco hermanas a partir del 31 de diciembre de 1996

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El 9 de mayo de 1998 la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, emite el rescripto de secularización en respuesta a su petición de desvinculación definitiva de la Compañía de María para dedicarse a la nueva Fundación. Emite sus Votos Perpetuos en esta nueva Comunidad el 07 de diciembre del año 2000 en presencia del entonces Obispo Su Excelencia Monseñor Flavio Calle Zapata. El 25 de marzo del 2008 Monseñor Ricardo Tobón Restrepo concede a esta Fundación la aprobación como Asociación Pública de Fieles y el 12 de diciembre de 2013 se erige canónicamente el Instituto Religioso de las Hijas del Fiat, bajo la autoridad de Monseñor Fidel León Cadavid.


Desempeña sus tareas como Superiora General hasta el 2017, fecha en que se realiza el primer Capítulo General del Instituto Femenino; a partir de entonces, siguió siendo miembro activo del Consejo General y apoyó muy de cerca a la Madre Judith López Aristizábal.


Sus limitaciones físicas y problemas en su salud no fueron obstáculo para seguir comunicando el amor a Dios hasta los últimos días de su vida. En una entrevista le preguntaron si se arrepentía de ser Religiosa, a lo que respondió: “Si volviera a nacer, volvería a ser Religiosa, nunca me arrepiento. A los 16 años supe que el único que me podía hacer feliz era Jesús. Ahora no me arrepiento de amarlo y dejarme amar por Él”.
El 25 de junio parte a la Casa del Padre a dejarse amar definitivamente por el Señor.

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