XXXIII Domingo Ordinario
17 noviembre, 2019
Feria
19 noviembre, 2019

Dedicación de las Basílicas de los Santos Pedro y Pablo, apóstoles

I Macabeos 1, 10-15; 41-43; 54-57; 62-64

10 De ellos surgió un renuevo pecador, Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco, que había estado como rehén en Roma. Subió al trono el año 137 del imperio de los griegos. 11 En aquellos días surgieron de Israel unos hijos rebeldes que sedujeron a muchos diciendo: «Vamos, concertemos alianza con los pueblos que nos rodean, porque desde que nos separamos de ellos, nos han sobrevenido muchos males.» 12 Estas palabras parecieron bien a sus ojos, 13 y algunos del pueblo se apresuraron a acudir donde el rey y obtuvieron de él autorización para seguir las costumbres de los gentiles. 14 En consecuencia, levantaron en Jerusalén un gimnasio al uso de los paganos, 15 rehicieron sus prepucios, renegaron de la alianza santa para atarse al yugo de los gentiles, y se vendieron para obrar el mal.

41 El rey publicó un edicto en todo su reino ordenando que todos formaran un único pueblo 42 y abandonara cada uno sus peculiares costumbres. Los gentiles acataron todos el edicto real 43 y muchos israelitas aceptaron su culto, sacrificaron a los ídolos y profanaron el sábado.

54 El día quince del mes de Kisléu del año 145 levantó el rey sobre el altar de los holocaustos la Abominación de la desolación. También construyeron altares en las ciudades de alrededor de Judá. 55 A las puertas de las casas y en las plazas quemaban incienso. 56 Rompían y echaban al fuego los libros de la Ley que podían hallar. 57 Al que encontraban con un ejemplar de la Alianza en su poder, o bien descubrían que observaba los preceptos de la Ley, la decisión del rey le condenaba a muerte.

62 Muchos en Israel se mantuvieron firmes y se resistieron a comer cosa impura. 63 Prefirieron morir antes que contaminarse con aquella comida y profanar la alianza santa; y murieron. 64 Inmensa fue la Cólera que descargó sobre Israel.

 

Salmo 119, 53; 61; 134; 150; 155; 158

53 Me arrebata el furor por los impíos que abandonan tu ley.

61 Las redes de los impíos me aprisionan, yo no olvido tu ley.

134 Rescátame de la opresión del hombre, y tus ordenanzas guardaré.

150 Se acercan a la infamia los que me persiguen, se alejan de tu ley.

155 Lejos de los impíos la salvación, pues no van buscando tus preceptos.

158 He visto a los traidores, me disgusta que no guarden tu promesa.

 

Lucas 18, 35-43

35 Sucedió que, al acercarse él a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; 36 al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello. 37 Le informaron que pasaba Jesús el Nazareno 38 y empezó a gritar, diciendo: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!» 39 Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!» 40 Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó: 41 «¿Qué quieres que te haga?» El dijo: «¡Señor, que vea!» 42 Jesús le dijo: «Ve. Tu fe te ha salvado.» 43 Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios.

Hechos 28, 11-16; 30-31

11 Transcurridos tres meses nos hicimos a la mar en una nave alejandrina que había invernado en la isla y llevaba por enseña los Dióscuros. 12 Arribamos a Siracusa y permanecimos allí tres días. 13 Desde allí, costeando, llegamos a Regio. Al día siguiente se levantó el viento del sur, y al cabo de dos días llegamos a Pozzuoli. 14 Encontramos allí hermanos y tuvimos el consuelo de permanecer con ellos siete días. Y así llegamos a Roma. 15 Los hermanos, informados de nuestra llegada, salieron a nuestro encuentro hasta el Foro Apio y Tres Tabernas. Pablo, al verlos, dio gracias a Dios y cobró ánimos. 16 Cuando entramos en Roma se le permitió a Pablo permanecer en casa particular con un soldado que le custodiara.

30 Pablo permaneció dos años enteros en una casa que había alquilado y recibía a todos los que acudían a él; 31 predicaba el Reino de Dios y enseñaba lo referente al Señor Jesucristo con toda valentía, sin estorbo alguno.

 

Salmo 98, 1-6

1 Salmo. Cantad a Yahveh un canto nuevo, porque ha hecho maravillas; victoria le ha dado su diestra y su brazo santo.

2 Yahveh ha dado a conocer su salvación, a los ojos de las naciones ha revelado su justicia; 3 se ha acordado de su amor y su lealtad para con la casa de Israel. Todos los confines de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios. 4 ¡Aclamad a Yahveh, toda la tierra, estallad, gritad de gozo y salmodiad!

5 Salmodiad para Yahveh con la cítara, con la cítara y al son de la salmodia; 6 con las trompetas y al son del cuerno aclamad ante la faz del rey Yahveh.

 

Mateo 14, 22-33

22 Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. 23 Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí. 24 La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. 25 Y a la cuarta vigilia de la noche vino él hacia ellos, caminando sobre el mar. 26 Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un fantasma», y de miedo se pusieron a gritar. 27 Pero al instante les habló Jesús diciendo: «¡Animo!, que soy yo; no temáis.» 28 Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas.» 29 «¡Ven!», le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. 30 Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: «¡Señor, sálvame!» 31 Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?» 32 Subieron a la barca y amainó el viento. 33 Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de Dios.»