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20 julio, 2018

Feria

Isaías 26, 7-9; 12; 16-19

7 La senda del justo es recta; tú allanas la senda recta del justo. 8 Pues bien, en la senda de tus juicios te esperamos, Yahveh; tu nombre y tu recuerdo son el anhelo del alma. 9 Con toda mi alma te anhelo en la noche, y con todo mi espíritu por la mañana te busco. Porque cuando tú juzgas a la tierra, aprenden justicia los habitantes del orbe.

12 Yahveh, tú nos pondrás a salvo, que también llevas a cabo todas nuestras obras.

16 Yahveh, en el aprieto de tu castigo te buscamos; la angustia de la opresión era tu castigo para nosotros. 17 Como cuando la mujer encinta está próxima al parto sufre, y se queja en su trance, así éramos nosotros delante de ti, Yahveh. 18 Hemos concebido, tenemos dolores como si diésemos a luz viento; pero no hemos traído a la tierra salvación, y no le nacerán habitantes al orbe. 19 Revivirán tus muertos, tus cadáveres resurgirán, despertarán y darán gritos de júbilo los moradores del polvo; porque rocío luminoso es tu rocío, y la tierra echará de su seno las sombras.

 

Salmo 102, 13-21

13 Mas tú, Yahveh, permaneces para siempre, y tu memoria de edad en edad. 14 Tú te alzarás, compadecido de Sión, pues es ya tiempo de apiadarte de ella, ha llegado la hora; 15 que están tus siervos encariñados de sus piedras y se compadecen de sus ruinas. 16 Y temerán las naciones el nombre de Yahveh, y todos los reyes de la tierra tu gloria; 17 cuando Yahveh reconstruya a Sión, y aparezca en su gloria, 18 volverá su rostro a la oración del despojado, su oración no despreciará. 19 Se escribirá esto para la edad futura, y en pueblo renovado alabará a Yahveh: 20 que se ha inclinado Yahveh desde su altura santa, desde los cielos ha mirado a la tierra, 21 para oír el suspiro del cautivo, para librar a los hijos de la muerte.

 

Mateo 11, 28-30

28 «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. 29 Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. 30 Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.»