Treintena a San José
27 junio, 2020

Novena a San José

INTRODUCCIÓN

No puede haber alguien sensato que después de descubrir un tesoro que puede enriquecer a muchos sin empobrecerse a sí mismo, deje de compartirlo. Este es mi caso y el de muchos en la Iglesia que hemos descubierto en la devoción a San José, un canal de las gracias del Cielo.

San José estuvo pendiente de todas las necesidades de Jesús para satisfacerlas. Ahora, Jesús en el Cielo ¿qué le puede negar a quien todo se lo dio en la tierra?

Si San Pedro tiene las llaves de las puertas del Cielo, San José, las de su despensa. Y cuál no será la confianza que Dios le tiene cuando le “confió la custodia de sus Tesoros más preciosos” (RC).

No es mi intención escribir un tratado sobre Él. Si alguno tiene interés en conocerlo, le invito a que lea la Exhortación Apostólica Redemptoris Custos, de Juan Pablo II, sobre la figura y la misión de San José: 1989. Simplemente quiero cumplir con un acto de justicia, reconocer el poder de su intercesión.

Es abogado de casos imposibles; si tienes uno, aprovéchalo. Además, está de promoción, sobre todo durante el mes de marzo y más aún el día 19; Santa Teresa decía “Cada año en su día le pido una cosa y siempre la veo cumplida.”

En su testimonio declara que San José le alcanzó la gracia de su curación después de haber estado tullida por casi tres años: “Como me vi tan tullida y en tan poca edad (25 o 26 años), ya que no me habían parado los médicos de la tierra, determiné acudir a los del Cielo para que me sanasen…, y tomé por abogado y señor al glorioso San José y me encomendé muchísimo a él. Vi claro que así de esta necesidad como de otras mayores este padre y señor mío, me sacó con más bien de lo que yo le sabía pedir. No me acuerdo hasta ahora, haberle suplicado cosa que no haya dejado de hacer.

Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado Santo, de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma; que a otros Santos parece les dio el Señor tanta gracia para socorrer en una necesidad; de este glorioso Santo, tengo experiencia, que socorre en todas y que quiere Dios darnos a entender, que, así como le fue sujeto en la tierra, así en el Cielo hace cuánto le pide.

Querría yo persuadir a todos que fuesen devotos de este glorioso Santo, por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido persona que de veras le sea devota, que no la vea más aprovechada en la virtud.

Sólo pido, por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción”.

Hecha la señal de la Cruz y el acto de Contrición, se dirá lo siguiente:

 

Oración para todos los días

Dulcísimo abogado y protector mío San José, infinitas gracias doy a la Trinidad Beatísima, de quien fue tu alma enriquecida de celestiales dones para que debidamente desempeñaras el cargo que te había confiado. Sublime predestinación la tuya, que habría sido de inmensa honra para el más elevado de los ángeles, con la cual fuiste constituido: cabeza de la Sagrada Familia, confidente de los secretos celestiales, esposo de la Madre de Dios, custodio del Verbo Divino. Eres el Justo que tuvo la dicha de ver al Mesías, de adorarle, de estrecharle contra el corazón, de tenerle sujeto a tus mandatos; eres la nave misteriosa que sirvió de amparo y apacible luz a la Reina de los Ángeles, eres la providencia del mundo que supo conservarnos con indecibles trabajos, la Víctima propiciatoria por los pecados, el Pan del cielo, alimento de los escogidos.

Tú serás siempre, después de Jesús y de María, el objeto de mi mayor veneración, el camino para ir a ellos, y por Ti espero alcanzar misericordia y gracia, serás mi refugio en los combates, consuelo en las aflicciones, socorro en las necesidades, y ahora, otórgame las gracias que humildemente te pido en esta novena, sí es para mayor gloria de Dios y honra tuya. Amén. (Se reza tres veces el Padre Nuestro, Ave María y Gloria, a la Santísima Trinidad en acción de gracias por los beneficios concedidos al Santo Patriarca).

 

Primer día

Gloriosísimo Patriarca San José, modelo acabado de la perfectísima oración, aprendida en el trato familiar con Jesús y María. ¡Oh! Qué de veces se derretía tu alma en amor de Dios, a quien dirigías tus obras, aún las más sencillas. Esta constante oración santificaba tus acciones, pues con este espíritu las iniciabas, proseguías y terminabas; de este espíritu de oración sacabas fortaleza en las adversidades de cuerpo y alma, de él te nacía el valor para cumplir con alteza el ministerio que Dios te había encomendado y subir a un alto grado de perfección. ¡Oh Glorioso Patriarca, de quien se admiran las Jerarquías del Cielo!, pide para mí este espíritu de oración, para que, a imitación tuya, crezca en buenas obras, aumente en las virtudes y persevere con firmeza, hasta ganar la corona. Amén. (Petición y gozos).

 

Gozos

Pues la Iglesia te saluda José, universal patrón.
Acógenos bajo el manto de tu excelsa protección.

José de noble prosapia,
de ilustres reyes nacido
y del Eterno escogido
de Jesús para tutor:
quién como tú venturoso
Santo predestinado?

Acógenos, etc…

Lirio más terso y fragante
no vió el valle de Judea.
Por eso en ti se recrea
de toda pureza Dios
y hace tu vara florida
con universal espanto.

Acógenos, etc…

De la más pura doncella
que admiró la luz del día,
de la celestial María,
te dió mano y corazón;
¡Oh, el más feliz de los hombres
y de la Virgen encanto!

Acógenos, etc…

¡Qué bien se encuentra en tus brazos
ese Niño flor del Cielo!
¡Cómo le guarda tu anhelo,
cómo lo estrecha tu amor!
Si lo pierdes un instante,
cómo te anegas en llanto.

Acógenos, etc…

Venturoso le sustentas
con el sudor de tu frente,
padre de tu Redentor;
vives para Él solamente,
mueres al sonar la hora,
de su fúnebre quebranto.

Acógenos, etc…

Con Jesús y con María
formas el grupo más bello,
de la Trinidad destello,
de la Iglesia adoración.
Por eso el cristiano pueblo
te repite amable santo.

Acógenos, etc…

Tu nombre es cada día
más glorioso y más amable,
que a poder tan admirable
no resiste el corazón.
Su providencia te nombra
Colombia que te ama tanto.

Acógenos, etc…

De Ignacio la grey querida
no es la que menos te ama,
pues por patrón te reclama
y descansa en tu favor;
acoge su humilde ruego
y no desoigas su canto.

Acógenos, etc…

 

Oración final para cada día

A Ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestras tribulaciones, y después de implorar el auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio. Por aquella caridad que, con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, te tuvo unido, y por el amor paternal con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos, que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo y con tu poder y auxilio, socorras nuestras necesidades.

Protege, ¡oh providentísimo custodio de la Sagrada Familia!, la escogida descendencia de Jesucristo, aparta de nosotros toda mancha de error y corrupción, asístenos propicio desde el Cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha contra el poder de las tinieblas, y como en otro tiempo, libraste al Niño Jesús del eminente peligro de la muerte, así ahora, defiende a la Santa Iglesia de Dios de las acechanzas del enemigo y de toda adversidad; y a cada uno de nosotros, protégenos con perpetuo patrocinio para que con tu ejemplo y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir, piadosamente morir y alcanzar en los Cielos, la eterna bienaventuranza. Amén. (Escrita por el Papa León XIII)

 

Oración

He aquí el siervo fiel y prudente a quien el Señor constituyó sobre su familia.

V. / Gloria y riquezas en su casa.

R. / Y su justicia permanece para siempre.

Oremos:

Dios, que en tu admirable providencia elegiste a san José para ser esposo de la Santísima Madre de tu Hijo; concédenos como intercesor en el cielo, a quien veneramos como protector en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Hecha la señal de la Cruz y el acto de Contrición, se dirá lo siguiente:

 

Oración para todos los días

Dulcísimo abogado y protector mío San José, infinitas gracias doy a la Trinidad Beatísima, de quien fue tu alma enriquecida de celestiales dones para que debidamente desempeñaras el cargo que te había confiado. Sublime predestinación la tuya, que habría sido de inmensa honra para el más elevado de los ángeles, con la cual fuiste constituido: cabeza de la Sagrada Familia, confidente de los secretos celestiales, esposo de la Madre de Dios, custodio del Verbo Divino. Eres el Justo que tuvo la dicha de ver al Mesías, de adorarle, de estrecharle contra el corazón, de tenerle sujeto a tus mandatos; eres la nave misteriosa que sirvió de amparo y apacible luz a la Reina de los Ángeles, eres la providencia del mundo que supo conservarnos con indecibles trabajos, la Víctima propiciatoria por los pecados, el Pan del cielo, alimento de los escogidos.

Tú serás siempre, después de Jesús y de María, el objeto de mi mayor veneración, el camino para ir a ellos, y por Ti espero alcanzar misericordia y gracia, serás mi refugio en los combates, consuelo en las aflicciones, socorro en las necesidades, y ahora, otórgame las gracias que humildemente te pido en esta novena, sí es para mayor gloria de Dios y honra tuya. Amén. (Se reza tres veces el Padre Nuestro, Ave María y Gloria, a la Santísima Trinidad en acción de gracias por los beneficios concedidos al Santo Patriarca).

 

Segundo día

Gloriosísimo Patriarca San José, admirable por tu vida oculta con Cristo en Dios, Tú fuiste escogido de su mano para ser representante de Dios en la tierra, para quien es el regocijo de los Cielos y gloria de nuestro linaje. Más, en medio de tanta gloria, todo tu anhelo, no fue otro, sino ser desconocido e ignorado de todos, ocupado en los quehaceres de tu oficio, sin desear más, que cumplir exactamente los planes divinos de la Encarnación del Verbo.

Por lo anterior, mereciste que te llamen las generaciones siervo bueno y fiel, puesto por Dios a la cabeza de la Sagrada Familia, para servir de consuelo a María, buscar el alimento al Divino Infante y cooperar fidelísimamente a los designios del Eterno Padre.

Concédeme Santo mío, que conozca yo, los apreciabilísimos dones reservados a los amantes de la vida oculta y escondida en Dios, verdadera margarita preciosa, desdeñada de las almas tibias. Amén. (Petición y gozos).

 

Gozos

Pues la Iglesia te saluda José, universal patrón.
Acógenos bajo el manto de tu excelsa protección.

José de noble prosapia,
de ilustres reyes nacido
y del Eterno escogido
de Jesús para tutor:
quién como tú venturoso
Santo predestinado?

Acógenos, etc…

Lirio más terso y fragante
no vió el valle de Judea.
Por eso en ti se recrea
de toda pureza Dios
y hace tu vara florida
con universal espanto.

Acógenos, etc…

De la más pura doncella
que admiró la luz del día,
de la celestial María,
te dió mano y corazón;
¡Oh, el más feliz de los hombres
y de la Virgen encanto!

Acógenos, etc…

¡Qué bien se encuentra en tus brazos
ese Niño flor del Cielo!
¡Cómo le guarda tu anhelo,
cómo lo estrecha tu amor!
Si lo pierdes un instante,
cómo te anegas en llanto.

Acógenos, etc…

Venturoso le sustentas
con el sudor de tu frente,
padre de tu Redentor;
vives para Él solamente,
mueres al sonar la hora,
de su fúnebre quebranto.

Acógenos, etc…

Con Jesús y con María
formas el grupo más bello,
de la Trinidad destello,
de la Iglesia adoración.
Por eso el cristiano pueblo
te repite amable santo.

Acógenos, etc…

Tu nombre es cada día
más glorioso y más amable,
que a poder tan admirable
no resiste el corazón.
Su providencia te nombra
Colombia que te ama tanto.

Acógenos, etc…

De Ignacio la grey querida
no es la que menos te ama,
pues por patrón te reclama
y descansa en tu favor;
acoge su humilde ruego
y no desoigas su canto.

Acógenos, etc…

 

Oración final para cada día

A Ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestras tribulaciones, y después de implorar el auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio. Por aquella caridad que, con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, te tuvo unido, y por el amor paternal con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos, que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo y con tu poder y auxilio, socorras nuestras necesidades.

Protege, ¡oh providentísimo custodio de la Sagrada Familia!, la escogida descendencia de Jesucristo, aparta de nosotros toda mancha de error y corrupción, asístenos propicio desde el Cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha contra el poder de las tinieblas, y como en otro tiempo, libraste al Niño Jesús del eminente peligro de la muerte, así ahora, defiende a la Santa Iglesia de Dios de las acechanzas del enemigo y de toda adversidad; y a cada uno de nosotros, protégenos con perpetuo patrocinio para que con tu ejemplo y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir, piadosamente morir y alcanzar en los Cielos, la eterna bienaventuranza. Amén. (Escrita por el Papa León XIII)

 

Oración

He aquí el siervo fiel y prudente a quien el Señor constituyó sobre su familia.

V. / Gloria y riquezas en su casa.

R. / Y su justicia permanece para siempre.

Oremos:

Dios, que en tu admirable providencia elegiste a san José para ser esposo de la Santísima Madre de tu Hijo; concédenos como intercesor en el cielo, a quien veneramos como protector en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Hecha la señal de la Cruz y el acto de Contrición, se dirá lo siguiente:

 

Oración para todos los días

Dulcísimo abogado y protector mío San José, infinitas gracias doy a la Trinidad Beatísima, de quien fue tu alma enriquecida de celestiales dones para que debidamente desempeñaras el cargo que te había confiado. Sublime predestinación la tuya, que habría sido de inmensa honra para el más elevado de los ángeles, con la cual fuiste constituido: cabeza de la Sagrada Familia, confidente de los secretos celestiales, esposo de la Madre de Dios, custodio del Verbo Divino. Eres el Justo que tuvo la dicha de ver al Mesías, de adorarle, de estrecharle contra el corazón, de tenerle sujeto a tus mandatos; eres la nave misteriosa que sirvió de amparo y apacible luz a la Reina de los Ángeles, eres la providencia del mundo que supo conservarnos con indecibles trabajos, la Víctima propiciatoria por los pecados, el Pan del cielo, alimento de los escogidos.

Tú serás siempre, después de Jesús y de María, el objeto de mi mayor veneración, el camino para ir a ellos, y por Ti espero alcanzar misericordia y gracia, serás mi refugio en los combates, consuelo en las aflicciones, socorro en las necesidades, y ahora, otórgame las gracias que humildemente te pido en esta novena, sí es para mayor gloria de Dios y honra tuya. Amén. (Se reza tres veces el Padre Nuestro, Ave María y Gloria, a la Santísima Trinidad en acción de gracias por los beneficios concedidos al Santo Patriarca).

 

Tercer día

Gloriosísimo Patriarca San José, lirio maravilloso y cristiano espejo de pureza, que mereciste ser desposado con la misma pureza virginal, María Inmaculada, y por especial gracia de Dios permaneciste virgen: concédeme, santo mío, que pueda yo presentarme ante el Cordero de Dios, reflejando vivamente su divina virtud, y abrasado de sus celestiales ardores.

Alcánzame de Jesús y de María virtud semejante a la tuya, la cual me defienda de cuanto pueda mancillar mi alma. Amén. (Petición y gozos).

 

Gozos

Pues la Iglesia te saluda José, universal patrón.
Acógenos bajo el manto de tu excelsa protección.

José de noble prosapia,
de ilustres reyes nacido
y del Eterno escogido
de Jesús para tutor:
quién como tú venturoso
Santo predestinado?

Acógenos, etc…

Lirio más terso y fragante
no vió el valle de Judea.
Por eso en ti se recrea
de toda pureza Dios
y hace tu vara florida
con universal espanto.

Acógenos, etc…

De la más pura doncella
que admiró la luz del día,
de la celestial María,
te dió mano y corazón;
¡Oh, el más feliz de los hombres
y de la Virgen encanto!

Acógenos, etc…

¡Qué bien se encuentra en tus brazos
ese Niño flor del Cielo!
¡Cómo le guarda tu anhelo,
cómo lo estrecha tu amor!
Si lo pierdes un instante,
cómo te anegas en llanto.

Acógenos, etc…

Venturoso le sustentas
con el sudor de tu frente,
padre de tu Redentor;
vives para Él solamente,
mueres al sonar la hora,
de su fúnebre quebranto.

Acógenos, etc…

Con Jesús y con María
formas el grupo más bello,
de la Trinidad destello,
de la Iglesia adoración.
Por eso el cristiano pueblo
te repite amable santo.

Acógenos, etc…

Tu nombre es cada día
más glorioso y más amable,
que a poder tan admirable
no resiste el corazón.
Su providencia te nombra
Colombia que te ama tanto.

Acógenos, etc…

De Ignacio la grey querida
no es la que menos te ama,
pues por patrón te reclama
y descansa en tu favor;
acoge su humilde ruego
y no desoigas su canto.

Acógenos, etc…

 

Oración final para cada día

A Ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestras tribulaciones, y después de implorar el auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio. Por aquella caridad que, con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, te tuvo unido, y por el amor paternal con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos, que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo y con tu poder y auxilio, socorras nuestras necesidades.

Protege, ¡oh providentísimo custodio de la Sagrada Familia!, la escogida descendencia de Jesucristo, aparta de nosotros toda mancha de error y corrupción, asístenos propicio desde el Cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha contra el poder de las tinieblas, y como en otro tiempo, libraste al Niño Jesús del eminente peligro de la muerte, así ahora, defiende a la Santa Iglesia de Dios de las acechanzas del enemigo y de toda adversidad; y a cada uno de nosotros, protégenos con perpetuo patrocinio para que con tu ejemplo y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir, piadosamente morir y alcanzar en los Cielos, la eterna bienaventuranza. Amén. (Escrita por el Papa León XIII)

 

Oración

He aquí el siervo fiel y prudente a quien el Señor constituyó sobre su familia.

V. / Gloria y riquezas en su casa.

R. / Y su justicia permanece para siempre.

Oremos:

Dios, que en tu admirable providencia elegiste a san José para ser esposo de la Santísima Madre de tu Hijo; concédenos como intercesor en el cielo, a quien veneramos como protector en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Hecha la señal de la Cruz y el acto de Contrición, se dirá lo siguiente:

 

Oración para todos los días

Dulcísimo abogado y protector mío San José, infinitas gracias doy a la Trinidad Beatísima, de quien fue tu alma enriquecida de celestiales dones para que debidamente desempeñaras el cargo que te había confiado. Sublime predestinación la tuya, que habría sido de inmensa honra para el más elevado de los ángeles, con la cual fuiste constituido: cabeza de la Sagrada Familia, confidente de los secretos celestiales, esposo de la Madre de Dios, custodio del Verbo Divino. Eres el Justo que tuvo la dicha de ver al Mesías, de adorarle, de estrecharle contra el corazón, de tenerle sujeto a tus mandatos; eres la nave misteriosa que sirvió de amparo y apacible luz a la Reina de los Ángeles, eres la providencia del mundo que supo conservarnos con indecibles trabajos, la Víctima propiciatoria por los pecados, el Pan del cielo, alimento de los escogidos.

Tú serás siempre, después de Jesús y de María, el objeto de mi mayor veneración, el camino para ir a ellos, y por Ti espero alcanzar misericordia y gracia, serás mi refugio en los combates, consuelo en las aflicciones, socorro en las necesidades, y ahora, otórgame las gracias que humildemente te pido en esta novena, sí es para mayor gloria de Dios y honra tuya. Amén. (Se reza tres veces el Padre Nuestro, Ave María y Gloria, a la Santísima Trinidad en acción de gracias por los beneficios concedidos al Santo Patriarca).

 

Cuarto día

Gloriosísimo San José, admirable ejemplo de sumisión y obediencia, con prontitud, docilidad y alegría, en circunstancias en que parecía prudente diferir o alterar en algo las órdenes de Dios.

Alcánzame la gracia de obedecer por Dios a lo que me manden los hombres como los ángeles del cielo obedecen a Jesús; ayúdame, Santo mío, por tus merecimientos, a obedecer con rendimiento de juicio, con prontitud de voluntad, con presteza de ejecución, fiándome de la Providencia de Dios, que cuidará de mí, si obedezco de esta manera. Amen. (Petición y gozos).

 

Gozos

Pues la Iglesia te saluda José, universal patrón.
Acógenos bajo el manto de tu excelsa protección.

José de noble prosapia,
de ilustres reyes nacido
y del Eterno escogido
de Jesús para tutor:
quién como tú venturoso
Santo predestinado?

Acógenos, etc…

Lirio más terso y fragante
no vió el valle de Judea.
Por eso en ti se recrea
de toda pureza Dios
y hace tu vara florida
con universal espanto.

Acógenos, etc…

De la más pura doncella
que admiró la luz del día,
de la celestial María,
te dió mano y corazón;
¡Oh, el más feliz de los hombres
y de la Virgen encanto!

Acógenos, etc…

¡Qué bien se encuentra en tus brazos
ese Niño flor del Cielo!
¡Cómo le guarda tu anhelo,
cómo lo estrecha tu amor!
Si lo pierdes un instante,
cómo te anegas en llanto.

Acógenos, etc…

Venturoso le sustentas
con el sudor de tu frente,
padre de tu Redentor;
vives para Él solamente,
mueres al sonar la hora,
de su fúnebre quebranto.

Acógenos, etc…

Con Jesús y con María
formas el grupo más bello,
de la Trinidad destello,
de la Iglesia adoración.
Por eso el cristiano pueblo
te repite amable santo.

Acógenos, etc…

Tu nombre es cada día
más glorioso y más amable,
que a poder tan admirable
no resiste el corazón.
Su providencia te nombra
Colombia que te ama tanto.

Acógenos, etc…

De Ignacio la grey querida
no es la que menos te ama,
pues por patrón te reclama
y descansa en tu favor;
acoge su humilde ruego
y no desoigas su canto.

Acógenos, etc…

 

Oración final para cada día

A Ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestras tribulaciones, y después de implorar el auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio. Por aquella caridad que, con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, te tuvo unido, y por el amor paternal con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos, que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo y con tu poder y auxilio, socorras nuestras necesidades.

Protege, ¡oh providentísimo custodio de la Sagrada Familia!, la escogida descendencia de Jesucristo, aparta de nosotros toda mancha de error y corrupción, asístenos propicio desde el Cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha contra el poder de las tinieblas, y como en otro tiempo, libraste al Niño Jesús del eminente peligro de la muerte, así ahora, defiende a la Santa Iglesia de Dios de las acechanzas del enemigo y de toda adversidad; y a cada uno de nosotros, protégenos con perpetuo patrocinio para que con tu ejemplo y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir, piadosamente morir y alcanzar en los Cielos, la eterna bienaventuranza. Amén. (Escrita por el Papa León XIII)

 

Oración

He aquí el siervo fiel y prudente a quien el Señor constituyó sobre su familia.

V. / Gloria y riquezas en su casa.

R. / Y su justicia permanece para siempre.

Oremos:

Dios, que en tu admirable providencia elegiste a san José para ser esposo de la Santísima Madre de tu Hijo; concédenos como intercesor en el cielo, a quien veneramos como protector en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Hecha la señal de la Cruz y el acto de Contrición, se dirá lo siguiente:

 

Oración para todos los días

Dulcísimo abogado y protector mío San José, infinitas gracias doy a la Trinidad Beatísima, de quien fue tu alma enriquecida de celestiales dones para que debidamente desempeñaras el cargo que te había confiado. Sublime predestinación la tuya, que habría sido de inmensa honra para el más elevado de los ángeles, con la cual fuiste constituido: cabeza de la Sagrada Familia, confidente de los secretos celestiales, esposo de la Madre de Dios, custodio del Verbo Divino. Eres el Justo que tuvo la dicha de ver al Mesías, de adorarle, de estrecharle contra el corazón, de tenerle sujeto a tus mandatos; eres la nave misteriosa que sirvió de amparo y apacible luz a la Reina de los Ángeles, eres la providencia del mundo que supo conservarnos con indecibles trabajos, la Víctima propiciatoria por los pecados, el Pan del cielo, alimento de los escogidos.

Tú serás siempre, después de Jesús y de María, el objeto de mi mayor veneración, el camino para ir a ellos, y por Ti espero alcanzar misericordia y gracia, serás mi refugio en los combates, consuelo en las aflicciones, socorro en las necesidades, y ahora, otórgame las gracias que humildemente te pido en esta novena, sí es para mayor gloria de Dios y honra tuya. Amén. (Se reza tres veces el Padre Nuestro, Ave María y Gloria, a la Santísima Trinidad en acción de gracias por los beneficios concedidos al Santo Patriarca).

 

Quinto día

Gloriosísimo Patriarca San José, que prácticamente nos enseñaste que el espíritu de fe consiste en ver a Dios en todos los acontecimientos de la vida, en abandonarse por completo en sus manos con amor y desear lo que Él quiere, como Él lo quiere, y que todo cuanto me sucede, es porque así lo dispone para mi mayor bien y, porque estos son los medios más conducentes entre todos, para conseguir mi fin; pues creo que Dios es infinitamente sabio, omnipotente y amorosísimo Padre mío, no me olvide que Él no ignora qué lugar, oficio y salud me es más conveniente y ha de preparar los medios más a propósito para que consiga mi fin.

Haz que, de esta manera, creyendo que el Dios de las virtudes, no solamente ordena todas las cosas en número, peso y medida, sino que también nos gobierna con gran miramiento cambiando el mal en el bien y sacando provecho hasta de la misma tentación, me arroje en sus divinos brazos y logre finalmente el fin para el cual fui creado. Amén. (Petición y gozos).

 

Gozos

Pues la Iglesia te saluda José, universal patrón.
Acógenos bajo el manto de tu excelsa protección.

José de noble prosapia,
de ilustres reyes nacido
y del Eterno escogido
de Jesús para tutor:
quién como tú venturoso
Santo predestinado?

Acógenos, etc…

Lirio más terso y fragante
no vió el valle de Judea.
Por eso en ti se recrea
de toda pureza Dios
y hace tu vara florida
con universal espanto.

Acógenos, etc…

De la más pura doncella
que admiró la luz del día,
de la celestial María,
te dió mano y corazón;
¡Oh, el más feliz de los hombres
y de la Virgen encanto!

Acógenos, etc…

¡Qué bien se encuentra en tus brazos
ese Niño flor del Cielo!
¡Cómo le guarda tu anhelo,
cómo lo estrecha tu amor!
Si lo pierdes un instante,
cómo te anegas en llanto.

Acógenos, etc…

Venturoso le sustentas
con el sudor de tu frente,
padre de tu Redentor;
vives para Él solamente,
mueres al sonar la hora,
de su fúnebre quebranto.

Acógenos, etc…

Con Jesús y con María
formas el grupo más bello,
de la Trinidad destello,
de la Iglesia adoración.
Por eso el cristiano pueblo
te repite amable santo.

Acógenos, etc…

Tu nombre es cada día
más glorioso y más amable,
que a poder tan admirable
no resiste el corazón.
Su providencia te nombra
Colombia que te ama tanto.

Acógenos, etc…

De Ignacio la grey querida
no es la que menos te ama,
pues por patrón te reclama
y descansa en tu favor;
acoge su humilde ruego
y no desoigas su canto.

Acógenos, etc…

 

Oración final para cada día

A Ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestras tribulaciones, y después de implorar el auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio. Por aquella caridad que, con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, te tuvo unido, y por el amor paternal con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos, que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo y con tu poder y auxilio, socorras nuestras necesidades.

Protege, ¡oh providentísimo custodio de la Sagrada Familia!, la escogida descendencia de Jesucristo, aparta de nosotros toda mancha de error y corrupción, asístenos propicio desde el Cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha contra el poder de las tinieblas, y como en otro tiempo, libraste al Niño Jesús del eminente peligro de la muerte, así ahora, defiende a la Santa Iglesia de Dios de las acechanzas del enemigo y de toda adversidad; y a cada uno de nosotros, protégenos con perpetuo patrocinio para que con tu ejemplo y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir, piadosamente morir y alcanzar en los Cielos, la eterna bienaventuranza. Amén. (Escrita por el Papa León XIII)

 

Oración

He aquí el siervo fiel y prudente a quien el Señor constituyó sobre su familia.

V. / Gloria y riquezas en su casa.

R. / Y su justicia permanece para siempre.

Oremos:

Dios, que en tu admirable providencia elegiste a san José para ser esposo de la Santísima Madre de tu Hijo; concédenos como intercesor en el cielo, a quien veneramos como protector en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Hecha la señal de la Cruz y el acto de Contrición, se dirá lo siguiente:

 

Oración para todos los días

Dulcísimo abogado y protector mío San José, infinitas gracias doy a la Trinidad Beatísima, de quien fue tu alma enriquecida de celestiales dones para que debidamente desempeñaras el cargo que te había confiado. Sublime predestinación la tuya, que habría sido de inmensa honra para el más elevado de los ángeles, con la cual fuiste constituido: cabeza de la Sagrada Familia, confidente de los secretos celestiales, esposo de la Madre de Dios, custodio del Verbo Divino. Eres el Justo que tuvo la dicha de ver al Mesías, de adorarle, de estrecharle contra el corazón, de tenerle sujeto a tus mandatos; eres la nave misteriosa que sirvió de amparo y apacible luz a la Reina de los Ángeles, eres la providencia del mundo que supo conservarnos con indecibles trabajos, la Víctima propiciatoria por los pecados, el Pan del cielo, alimento de los escogidos.

Tú serás siempre, después de Jesús y de María, el objeto de mi mayor veneración, el camino para ir a ellos, y por Ti espero alcanzar misericordia y gracia, serás mi refugio en los combates, consuelo en las aflicciones, socorro en las necesidades, y ahora, otórgame las gracias que humildemente te pido en esta novena, sí es para mayor gloria de Dios y honra tuya. Amén. (Se reza tres veces el Padre Nuestro, Ave María y Gloria, a la Santísima Trinidad en acción de gracias por los beneficios concedidos al Santo Patriarca).

 

Sexto día

Gloriosísimo Patriarca, San José, admirable por el desasimiento de las cosas de este mundo y acabado modelo del desprecio que debe hacerse de ellas. Tu abandono en las manos de Dios, no se desmintió ni en la suma pobreza con que recibiste al Verbo Divino recién nacido, ni en la falta de las cosas más precisas con que emprendiste el viaje a Egipto, donde viviste sustentando a Jesús y a María del trabajo de tus manos en casa pobre y entre gente bárbara y extraña.

Concédeme, Santo mío, que sepa apreciar esta rica pobreza, con la cual, a la par que desprecie lo que es de ningún valor, adquiera asemejarme a Ti y a Jesús. ¡Ame yo esta dichosa pobreza premiada con tanta riqueza! Ame esta bienaventurada liberalidad, cuyo galardón es medida tan copiosa.

Aprenda de Ti a ser pobre como Jesús, que vino del Cielo a la tierra para darnos ejemplo de pobreza y escogió morir desnudo en la Cruz, saliendo del mundo sin tener cosa del mundo. Dadme aborrecer esas cositas a que se apega el corazón, para que sirva a Dios con perfección y alcance las riquezas celestiales. Amén (Petición y gozos).

 

Gozos

Pues la Iglesia te saluda José, universal patrón.
Acógenos bajo el manto de tu excelsa protección.

José de noble prosapia,
de ilustres reyes nacido
y del Eterno escogido
de Jesús para tutor:
quién como tú venturoso
Santo predestinado?

Acógenos, etc…

Lirio más terso y fragante
no vió el valle de Judea.
Por eso en ti se recrea
de toda pureza Dios
y hace tu vara florida
con universal espanto.

Acógenos, etc…

De la más pura doncella
que admiró la luz del día,
de la celestial María,
te dió mano y corazón;
¡Oh, el más feliz de los hombres
y de la Virgen encanto!

Acógenos, etc…

¡Qué bien se encuentra en tus brazos
ese Niño flor del Cielo!
¡Cómo le guarda tu anhelo,
cómo lo estrecha tu amor!
Si lo pierdes un instante,
cómo te anegas en llanto.

Acógenos, etc…

Venturoso le sustentas
con el sudor de tu frente,
padre de tu Redentor;
vives para Él solamente,
mueres al sonar la hora,
de su fúnebre quebranto.

Acógenos, etc…

Con Jesús y con María
formas el grupo más bello,
de la Trinidad destello,
de la Iglesia adoración.
Por eso el cristiano pueblo
te repite amable santo.

Acógenos, etc…

Tu nombre es cada día
más glorioso y más amable,
que a poder tan admirable
no resiste el corazón.
Su providencia te nombra
Colombia que te ama tanto.

Acógenos, etc…

De Ignacio la grey querida
no es la que menos te ama,
pues por patrón te reclama
y descansa en tu favor;
acoge su humilde ruego
y no desoigas su canto.

Acógenos, etc…

 

Oración final para cada día

A Ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestras tribulaciones, y después de implorar el auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio. Por aquella caridad que, con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, te tuvo unido, y por el amor paternal con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos, que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo y con tu poder y auxilio, socorras nuestras necesidades.

Protege, ¡oh providentísimo custodio de la Sagrada Familia!, la escogida descendencia de Jesucristo, aparta de nosotros toda mancha de error y corrupción, asístenos propicio desde el Cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha contra el poder de las tinieblas, y como en otro tiempo, libraste al Niño Jesús del eminente peligro de la muerte, así ahora, defiende a la Santa Iglesia de Dios de las acechanzas del enemigo y de toda adversidad; y a cada uno de nosotros, protégenos con perpetuo patrocinio para que con tu ejemplo y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir, piadosamente morir y alcanzar en los Cielos, la eterna bienaventuranza. Amén. (Escrita por el Papa León XIII)

 

Oración

He aquí el siervo fiel y prudente a quien el Señor constituyó sobre su familia.

V. / Gloria y riquezas en su casa.

R. / Y su justicia permanece para siempre.

Oremos:

Dios, que en tu admirable providencia elegiste a san José para ser esposo de la Santísima Madre de tu Hijo; concédenos como intercesor en el cielo, a quien veneramos como protector en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Hecha la señal de la Cruz y el acto de Contrición, se dirá lo siguiente:

 

Oración para todos los días

Dulcísimo abogado y protector mío San José, infinitas gracias doy a la Trinidad Beatísima, de quien fue tu alma enriquecida de celestiales dones para que debidamente desempeñaras el cargo que te había confiado. Sublime predestinación la tuya, que habría sido de inmensa honra para el más elevado de los ángeles, con la cual fuiste constituido: cabeza de la Sagrada Familia, confidente de los secretos celestiales, esposo de la Madre de Dios, custodio del Verbo Divino. Eres el Justo que tuvo la dicha de ver al Mesías, de adorarle, de estrecharle contra el corazón, de tenerle sujeto a tus mandatos; eres la nave misteriosa que sirvió de amparo y apacible luz a la Reina de los Ángeles, eres la providencia del mundo que supo conservarnos con indecibles trabajos, la Víctima propiciatoria por los pecados, el Pan del cielo, alimento de los escogidos.

Tú serás siempre, después de Jesús y de María, el objeto de mi mayor veneración, el camino para ir a ellos, y por Ti espero alcanzar misericordia y gracia, serás mi refugio en los combates, consuelo en las aflicciones, socorro en las necesidades, y ahora, otórgame las gracias que humildemente te pido en esta novena, sí es para mayor gloria de Dios y honra tuya. Amén. (Se reza tres veces el Padre Nuestro, Ave María y Gloria, a la Santísima Trinidad en acción de gracias por los beneficios concedidos al Santo Patriarca).

 

Séptimo día

Gloriosísimo Patriarca, San José, elegido de la augusta Trinidad para ser esposo de la Madre de Dios ¿Qué lengua de hombre ni de ángel, podrá jamás ensalzarte debidamente por la incomparable dignidad a que fuiste elevado? Tú a quien el Espíritu Santo formó el alma tan semejante a la de María, Tú a quien la Reina de los ángeles se entregó con la confianza con que se hubiera entregado a un ángel. Tú en quien la Virgen María, veía los destellos más vivos de la Divinidad, los más vivos resplandores de la santidad infinita, el santuario más acabado de las perfecciones de Dios, con lo cual no dudó amarte como el verdadero esposo, puesto en lugar del Altísimo para regirla y gobernarla.

Por este amor que te tuvo María Santísima, humilde y confiadamente te suplico me hagas a mí, capaz de amarla como Tú la amas, para entrar con este amor en los efectos de la predestinación, negociándolos Ella para sus devotos.

Solicite para mí, esta Celestial Señora, las inspiraciones del Cielo, la gracia de la justificación, la victoria en las tentaciones, la perseverancia en las virtudes, el aumento de las gracias, la constancia en el bien, la corona de la gloria. Y puesto que, por mandato de Dios, echa raíces en los escogidos para el cielo, las eche hondas en mi alma, de devoción e imitación de sus virtudes, que sean prenda de mi eterna predestinación. Amén. (Petición y gozos).

 

Gozos

Pues la Iglesia te saluda José, universal patrón.
Acógenos bajo el manto de tu excelsa protección.

José de noble prosapia,
de ilustres reyes nacido
y del Eterno escogido
de Jesús para tutor:
quién como tú venturoso
Santo predestinado?

Acógenos, etc…

Lirio más terso y fragante
no vió el valle de Judea.
Por eso en ti se recrea
de toda pureza Dios
y hace tu vara florida
con universal espanto.

Acógenos, etc…

De la más pura doncella
que admiró la luz del día,
de la celestial María,
te dió mano y corazón;
¡Oh, el más feliz de los hombres
y de la Virgen encanto!

Acógenos, etc…

¡Qué bien se encuentra en tus brazos
ese Niño flor del Cielo!
¡Cómo le guarda tu anhelo,
cómo lo estrecha tu amor!
Si lo pierdes un instante,
cómo te anegas en llanto.

Acógenos, etc…

Venturoso le sustentas
con el sudor de tu frente,
padre de tu Redentor;
vives para Él solamente,
mueres al sonar la hora,
de su fúnebre quebranto.

Acógenos, etc…

Con Jesús y con María
formas el grupo más bello,
de la Trinidad destello,
de la Iglesia adoración.
Por eso el cristiano pueblo
te repite amable santo.

Acógenos, etc…

Tu nombre es cada día
más glorioso y más amable,
que a poder tan admirable
no resiste el corazón.
Su providencia te nombra
Colombia que te ama tanto.

Acógenos, etc…

De Ignacio la grey querida
no es la que menos te ama,
pues por patrón te reclama
y descansa en tu favor;
acoge su humilde ruego
y no desoigas su canto.

Acógenos, etc…

 

Oración final para cada día

A Ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestras tribulaciones, y después de implorar el auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio. Por aquella caridad que, con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, te tuvo unido, y por el amor paternal con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos, que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo y con tu poder y auxilio, socorras nuestras necesidades.

Protege, ¡oh providentísimo custodio de la Sagrada Familia!, la escogida descendencia de Jesucristo, aparta de nosotros toda mancha de error y corrupción, asístenos propicio desde el Cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha contra el poder de las tinieblas, y como en otro tiempo, libraste al Niño Jesús del eminente peligro de la muerte, así ahora, defiende a la Santa Iglesia de Dios de las acechanzas del enemigo y de toda adversidad; y a cada uno de nosotros, protégenos con perpetuo patrocinio para que con tu ejemplo y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir, piadosamente morir y alcanzar en los Cielos, la eterna bienaventuranza. Amén. (Escrita por el Papa León XIII)

 

Oración

He aquí el siervo fiel y prudente a quien el Señor constituyó sobre su familia.

V. / Gloria y riquezas en su casa.

R. / Y su justicia permanece para siempre.

Oremos:

Dios, que en tu admirable providencia elegiste a san José para ser esposo de la Santísima Madre de tu Hijo; concédenos como intercesor en el cielo, a quien veneramos como protector en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Hecha la señal de la Cruz y el acto de Contrición, se dirá lo siguiente:

 

Oración para todos los días

Dulcísimo abogado y protector mío San José, infinitas gracias doy a la Trinidad Beatísima, de quien fue tu alma enriquecida de celestiales dones para que debidamente desempeñaras el cargo que te había confiado. Sublime predestinación la tuya, que habría sido de inmensa honra para el más elevado de los ángeles, con la cual fuiste constituido: cabeza de la Sagrada Familia, confidente de los secretos celestiales, esposo de la Madre de Dios, custodio del Verbo Divino. Eres el Justo que tuvo la dicha de ver al Mesías, de adorarle, de estrecharle contra el corazón, de tenerle sujeto a tus mandatos; eres la nave misteriosa que sirvió de amparo y apacible luz a la Reina de los Ángeles, eres la providencia del mundo que supo conservarnos con indecibles trabajos, la Víctima propiciatoria por los pecados, el Pan del cielo, alimento de los escogidos.

Tú serás siempre, después de Jesús y de María, el objeto de mi mayor veneración, el camino para ir a ellos, y por Ti espero alcanzar misericordia y gracia, serás mi refugio en los combates, consuelo en las aflicciones, socorro en las necesidades, y ahora, otórgame las gracias que humildemente te pido en esta novena, sí es para mayor gloria de Dios y honra tuya. Amén. (Se reza tres veces el Padre Nuestro, Ave María y Gloria, a la Santísima Trinidad en acción de gracias por los beneficios concedidos al Santo Patriarca).

 

Octavo día

Gloriosísimo Patriarca, San José, varón verdaderamente admirable por el amor siempre creciente que tuviste al Verbo de Dios, amor manifestado en tantos trabajos de alma y cuerpo, en la solicitud paternal que le tuviste y con la que le procuraste alivio y consuelo. Pido me sea dado por tu mediación, amar sobre todas las cosas, al que es el Santo de los Santos y magnífico en la santidad, a Jesucristo constituido por el Padre, heredero universal y cabeza del linaje humano; al que es el resplandor de la gloria del Padre y está sentado a la diestra de la Majestad en las alturas.

Sea el fin y norma de mis acciones, palabras, pensamientos, ya que, si deseo curarme, es médico; si me abraso de sed, es fuente; si estoy lleno de maldades, es justicia: si deseo el cielo, es camino; si temo la muerte, es vida. Sea Él mi supremo bien, mi bienaventuranza, mí Jesús y todas mis cosas, para que por tu mediación pueda verle cara a cara y besar las preciosísimas llagas de sus pies y de sus manos, en el Cielo. Amén. (Petición y gozos).

 

Gozos

Pues la Iglesia te saluda José, universal patrón.
Acógenos bajo el manto de tu excelsa protección.

José de noble prosapia,
de ilustres reyes nacido
y del Eterno escogido
de Jesús para tutor:
quién como tú venturoso
Santo predestinado?

Acógenos, etc…

Lirio más terso y fragante
no vió el valle de Judea.
Por eso en ti se recrea
de toda pureza Dios
y hace tu vara florida
con universal espanto.

Acógenos, etc…

De la más pura doncella
que admiró la luz del día,
de la celestial María,
te dió mano y corazón;
¡Oh, el más feliz de los hombres
y de la Virgen encanto!

Acógenos, etc…

¡Qué bien se encuentra en tus brazos
ese Niño flor del Cielo!
¡Cómo le guarda tu anhelo,
cómo lo estrecha tu amor!
Si lo pierdes un instante,
cómo te anegas en llanto.

Acógenos, etc…

Venturoso le sustentas
con el sudor de tu frente,
padre de tu Redentor;
vives para Él solamente,
mueres al sonar la hora,
de su fúnebre quebranto.

Acógenos, etc…

Con Jesús y con María
formas el grupo más bello,
de la Trinidad destello,
de la Iglesia adoración.
Por eso el cristiano pueblo
te repite amable santo.

Acógenos, etc…

Tu nombre es cada día
más glorioso y más amable,
que a poder tan admirable
no resiste el corazón.
Su providencia te nombra
Colombia que te ama tanto.

Acógenos, etc…

De Ignacio la grey querida
no es la que menos te ama,
pues por patrón te reclama
y descansa en tu favor;
acoge su humilde ruego
y no desoigas su canto.

Acógenos, etc…

 

Oración final para cada día

A Ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestras tribulaciones, y después de implorar el auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio. Por aquella caridad que, con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, te tuvo unido, y por el amor paternal con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos, que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo y con tu poder y auxilio, socorras nuestras necesidades.

Protege, ¡oh providentísimo custodio de la Sagrada Familia!, la escogida descendencia de Jesucristo, aparta de nosotros toda mancha de error y corrupción, asístenos propicio desde el Cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha contra el poder de las tinieblas, y como en otro tiempo, libraste al Niño Jesús del eminente peligro de la muerte, así ahora, defiende a la Santa Iglesia de Dios de las acechanzas del enemigo y de toda adversidad; y a cada uno de nosotros, protégenos con perpetuo patrocinio para que con tu ejemplo y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir, piadosamente morir y alcanzar en los Cielos, la eterna bienaventuranza. Amén. (Escrita por el Papa León XIII)

 

Oración

He aquí el siervo fiel y prudente a quien el Señor constituyó sobre su familia.

V. / Gloria y riquezas en su casa.

R. / Y su justicia permanece para siempre.

Oremos:

Dios, que en tu admirable providencia elegiste a san José para ser esposo de la Santísima Madre de tu Hijo; concédenos como intercesor en el cielo, a quien veneramos como protector en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Hecha la señal de la Cruz y el acto de Contrición, se dirá lo siguiente:

 

Oración para todos los días

Dulcísimo abogado y protector mío San José, infinitas gracias doy a la Trinidad Beatísima, de quien fue tu alma enriquecida de celestiales dones para que debidamente desempeñaras el cargo que te había confiado. Sublime predestinación la tuya, que habría sido de inmensa honra para el más elevado de los ángeles, con la cual fuiste constituido: cabeza de la Sagrada Familia, confidente de los secretos celestiales, esposo de la Madre de Dios, custodio del Verbo Divino. Eres el Justo que tuvo la dicha de ver al Mesías, de adorarle, de estrecharle contra el corazón, de tenerle sujeto a tus mandatos; eres la nave misteriosa que sirvió de amparo y apacible luz a la Reina de los Ángeles, eres la providencia del mundo que supo conservarnos con indecibles trabajos, la Víctima propiciatoria por los pecados, el Pan del cielo, alimento de los escogidos.

Tú serás siempre, después de Jesús y de María, el objeto de mi mayor veneración, el camino para ir a ellos, y por Ti espero alcanzar misericordia y gracia, serás mi refugio en los combates, consuelo en las aflicciones, socorro en las necesidades, y ahora, otórgame las gracias que humildemente te pido en esta novena, sí es para mayor gloria de Dios y honra tuya. Amén. (Se reza tres veces el Padre Nuestro, Ave María y Gloria, a la Santísima Trinidad en acción de gracias por los beneficios concedidos al Santo Patriarca).

 

Noveno día

Gloriosísimo Patriarca, San José, cuya alma inundada de gozo en la hora de la muerte, con la presencia de Jesús y de María, mereció pasar de sus benditas manos a las del Eterno Padre, para recibir el galardón de tantas virtudes. Por tu muerte tan dulce, bienaventurada y preciosa a los ojos de Dios, imploro desde hoy tu protección, para aquel trance terrible e inevitable, remate de la vida, momento del que depende la eternidad y la felicidad del hombre. Aprenda mi alma a vivir bien para que sepa bien morir; viva muerto a lo creado, al amor propio, a la sensualidad, clavado con Jesucristo y sus compañeros, pobreza, dolor y desprecio. De esta suerte, mi alma pasará de tus manos a las de mi Salvador, que tuvo las suyas clavadas por mí en la Cruz. Acógeme pues, bajo tu amparo, para aquella hora, y si no recreares mí espíritu visiblemente como lo has hecho con tantos, tu protección y la de tu Esposa, me sostengan en aquella terrible lucha. Amén. (Petición y gozos).

 

Gozos

Pues la Iglesia te saluda José, universal patrón.
Acógenos bajo el manto de tu excelsa protección.

José de noble prosapia,
de ilustres reyes nacido
y del Eterno escogido
de Jesús para tutor:
quién como tú venturoso
Santo predestinado?

Acógenos, etc…

Lirio más terso y fragante
no vió el valle de Judea.
Por eso en ti se recrea
de toda pureza Dios
y hace tu vara florida
con universal espanto.

Acógenos, etc…

De la más pura doncella
que admiró la luz del día,
de la celestial María,
te dió mano y corazón;
¡Oh, el más feliz de los hombres
y de la Virgen encanto!

Acógenos, etc…

¡Qué bien se encuentra en tus brazos
ese Niño flor del Cielo!
¡Cómo le guarda tu anhelo,
cómo lo estrecha tu amor!
Si lo pierdes un instante,
cómo te anegas en llanto.

Acógenos, etc…

Venturoso le sustentas
con el sudor de tu frente,
padre de tu Redentor;
vives para Él solamente,
mueres al sonar la hora,
de su fúnebre quebranto.

Acógenos, etc…

Con Jesús y con María
formas el grupo más bello,
de la Trinidad destello,
de la Iglesia adoración.
Por eso el cristiano pueblo
te repite amable santo.

Acógenos, etc…

Tu nombre es cada día
más glorioso y más amable,
que a poder tan admirable
no resiste el corazón.
Su providencia te nombra
Colombia que te ama tanto.

Acógenos, etc…

De Ignacio la grey querida
no es la que menos te ama,
pues por patrón te reclama
y descansa en tu favor;
acoge su humilde ruego
y no desoigas su canto.

Acógenos, etc…

 

Oración final para cada día

A Ti, bienaventurado San José, acudimos en nuestras tribulaciones, y después de implorar el auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio. Por aquella caridad que, con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, te tuvo unido, y por el amor paternal con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos, que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo y con tu poder y auxilio, socorras nuestras necesidades.

Protege, ¡oh providentísimo custodio de la Sagrada Familia!, la escogida descendencia de Jesucristo, aparta de nosotros toda mancha de error y corrupción, asístenos propicio desde el Cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha contra el poder de las tinieblas, y como en otro tiempo, libraste al Niño Jesús del eminente peligro de la muerte, así ahora, defiende a la Santa Iglesia de Dios de las acechanzas del enemigo y de toda adversidad; y a cada uno de nosotros, protégenos con perpetuo patrocinio para que con tu ejemplo y sostenidos por tu auxilio, podamos santamente vivir, piadosamente morir y alcanzar en los Cielos, la eterna bienaventuranza. Amén. (Escrita por el Papa León XIII)

 

Oración

He aquí el siervo fiel y prudente a quien el Señor constituyó sobre su familia.

V. / Gloria y riquezas en su casa.

R. / Y su justicia permanece para siempre.

Oremos:

Dios, que en tu admirable providencia elegiste a san José para ser esposo de la Santísima Madre de tu Hijo; concédenos como intercesor en el cielo, a quien veneramos como protector en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Salutaciones de San Juan Eudes a San José:

Dios te salve, José, imagen de Dios Padre. Dios te salve, José, padre de Dios Hijo. Dios te salve, José, santuario del Espíritu Santo. Dios te salve, José, bien amado de la Santísima Trinidad. Dios te Salve, José, fidelísimo coadjutor del gran consejo. Dios te salve, José, dignísimo esposo de la Virgen Madre. Dios te salve, José, padre de todos los fieles. Dios te salve, José, guardián de todos los que han abrazado la santa virginidad. Dios te salve, José, fiel observante del silencio sagrado. Dios te salve, José, amante de la santa pobreza. Dios te salve, José, modelo de dulzura y de paciencia. Dios te salve, José, espejo de humildad y de obediencia. Eres bendito entre todos los hombres.

Y benditos sean tus ojos que vieron lo que tú has visto. Y benditos sean tus oídos que oyeron lo que tú has oído. Y benditas sean tus manos que tocaron al Verbo hecho carne. Y benditos sean tus brazos que llevaron al que sostiene todas las cosas. Y bendito sea tu pecho sobre el cual el Hijo de Dios descansó dulcemente. Y bendito sea tu corazón abrasado por el del amor más ardiente. Y bendito sea el Padre Eterno que te eligió. Y bendito sea el Hijo que te amo. Y bendito sea el Espíritu Santo que te santificó. Y bendita sea María, tu esposa, que te amó como a un esposo y hermano. Y bendito sea el ángel que fue tu guardián. Y benditos sean por siempre todos los que te aman y te bendicen. Amén.

 

Testimonios

  • Cuenta San Juan Bosco que un hombre fue a una tienda a comprar un jabón y en el papel que venía envuelto el jabón encontró unos datos acerca de lo mucho que ayuda San José en la hora final a los que le han pedido que les obtenga la gracia de tener una buena y santa muerte. Desde ese día, aquel hombre se dedicó a pedirle al gran Patriarca la gracia de tener una muerte santa y cuando se sintió enfermo mandó a llamar a San Juan Bosco e hizo con él una confesión fervorosísima de toda su vida. Recibió la Comunión y la unción de lo enfermos con gran fe y devoción, y estando agonizando decía: "Que bueno es San José, vino a consolarme y ayudarme en esta hora final. Bendito sea. Amén." Y expiró en gran paz.
  • Santa Teresa decía: "De muchas ocasiones en las que yo podía perder mi honra o perder mi salvación, me libró el gran San José de manera mucho mejor de lo que me imaginaba. No me acuerdo de haberle pedido algún favor que lo haya dejado él de hacer. Es cosa que impresiona los grandes favores que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, y de los peligros que me ha librado, tanto del cuerpo como del alma. A otros santos parece que Nuestro Señor les ha concedido la gracia de poder ayudar en determinadas cosas, pero a San José le ha concedido poder ayudar en todo. Y parece que quiere demostrar Dios, que así como Jesucristo le obedeció en la tierra a San José, también en el cielo le concede todo lo que le pide".
  • Don Félix Cortés, un salesiano que por 30 años fue sacristán del Santuario del Niño Jesús en Bogotá, tenía junto a su cama un cuadro que representa a San José asistido por Jesús y María en la hora de la muerte. Un sacerdote recién ordenado le preguntó por qué tenía allí ese cuadro y el buen sacristán le respondió: "Es que 'Chepito' (así llamaba cariñosamente a San José) me va a obtener de Dios la gracia de tener una buena y santa muerte. Es lo que le pido todos los días". 20 años después aquel mismo sacerdote visitó al señor Cortés y al ver que ahí tenía junto a su cama el cuadrito de San José le dijo: "¿Todavía le sigue rezando a este santo?". "Sí, -respondió el buen hombre- y estoy seguro que tan amable santo me va a conseguir una buena muerte". Pocos meses después (en 1997) se enfermó y cayó en cama. Una tarde, estando toda la Comunidad de los Salesianos que atienden el Santuario, rezando las vísperas en la Capilla, llegó un enfermero y les dijo: "Me parece que el señor Cortés ha entrado en agonía". Corrieron todos a su lado. Ocho sacerdotes y un hermano coadjutor. El piadoso moribundo acababa de asistir a una Santa Misa celebrada en su habitación de enfermo. Antes se había confesado y había recibido la unción de los enfermos. Comulgó y al terminar la Eucaristía le dijo al celebrante: "Padre, por favor concédame la bendición de los agonizantes, porque veo que ha llegado mi hora final". El sacerdote le dió una bendición especial y el enfermo se quedó dormido. Llegaron luego todos los religiosos y el superior de la Comunidad le fue rezando las oraciones de los agonizantes. Los ocho sacerdotes le impartieron su bendición sacerdotal, y así, recién confesado, acabando de comulgar y de asistir a la celebración de la Eucaristía, pasó santamente a la eternidad. Uno de los allí presentes exclamó: "Esto es una muerte que no la tienen ni siquiera los obispos". Y otro añadió: "Es que siempre le pidió a San José que le concediera una santa muerte y el gran santo le obtuvo esa gracia tan especial".
  • La primera que se propuso propagar la devoción a San José fue Santa Brígida, una santa del año 1.300 que recibió impresionantes revelaciones del cielo. Luego vino San Bernardino de Siena del año 1.400, el más grande predicador de su tiempo, que por todas partes recomendaba a la gente que rezara a San José y experimentarían los grandes favores que él obtiene. Más tarde llegó Santa Teresa de Ávila, hacia 1.570, la cual fue curada por intercesión de San José de una gravísima enfermedad de parálisis que la tuvo inmovilizada por meses y meses, hasta el punto de no poder mover ni un dedo ni abrir los ojos, y con espantosos dolores. Cuando los médicos dijeron que ya no podían hacer nada, la santa se encomendó a San José y él le obtuvo milagrosamente la curación. Desde entonces en todos sus viajes apostólicos, la santa llevaba una estatuita de San José, su amable protector, y a los numerosos conventos que fundó les puso como patrono a San José. Otro gran promotor de la devoción a este santo fue San Francisco de Sales (año 1.600). El santo más amable que ha existido. Él repetía: "Jamás se ha oído decir que alguien haya rezado con fe a San José y no haya conseguido favores muy especiales del cielo".
  • Un rico norteamericano fue a visitar el ancianato de las Hermanitas de los pobres en Madrid, España, y al entrar en la Capilla vió que las religiosas habían colgado del cuello de la estatua de San José un costalito lleno de carbón. Les preguntó el por qué de ese modo tan raro de proceder y le dijeron que ya iba a empezar el invierno, que en esa región es muy frío y que para ese tiempo los ancianos necesitaban mucho carbón para la calefacción y ellas no tenían con qué comprarlo. Entre ellas había la costumbre de colgar al cuello de la imagen del santo aquello que deseaban conseguir. Por eso le habían colgado un costaladito de carbón. El millonario sonrió ante tanta ingenuidad pero apenas salió del ancianato se fue a un depósito y compró una camionada de carbón y lo envió a las monjitas. Así San José supo responder a la sencilla petición de las monjitas.
  • Santa Teresa cuando era joven encontraba mucha dificultad para que le gustara la oración y para lograr orar bien. Se encomendó a San José y este santo le obtuvo un gusto tal por la oración y un modo tan provechoso de orar que ella repetía: "Quien no encuentre maestros que le enseñen cómo hacer bien la oración, que invoque a San José y él le enseñará a orar. El mejor modo de orar es hablar con Jesús y María con cariño y devoción. Y esto es lo que hizo este santo durante 30 años; por lo tanto, le queda fácil enseñarnos a orar. A mí uno de los modos que tuvo para ayudarme a aprender a orar fue hacer que alguien me prestara un libro que enseña cómo orar bien". Decía Santa Teresa que durante la mayor parte de su vida cada año le pedía un favor muy especial a San José en el día de su fiesta y que ningún año dejó de concedérselo. Por eso ella misma se encargaba, en el sitio donde estuviera el 19 de marzo, de costear la fiesta del santo con la Misa de varios sacerdotes, orquesta, coros, adornos especiales en el altar y detalles sabrosos en la mesa. Era un modo de agradecerle al santo Patriarca las bondades que tenía con ella. Esta santa repetía: "Yo no he conocido una persona que le tenga una especial devoción a San José y que no haya hecho progresos notables en la virtud y no se haya vuelto mucho mejor en su comportamiento. Pido, por amor a Dios, que muchos hagan la experiencia de rezarle a tan poderoso protector y verán cuán prodigioso y generoso es para ayudar en lo material y en lo espiritual".
  • En Pamplona, las Carmelitas de clausura que son muy devotas de San José, tenían una cosecha de papa para recoger pero no encontraban obreros que fueran a recogerla. Entonces, según su costumbre, colgaron una papa del cuello de la imagen de San José pidiéndole al bondadoso santo que les enviara los obreros que estaban necesitando para la recolección. Y una noche oyeron un ruido. Había llegado un grupo de ladrones con azadones, costales y un camión, y estaban dedicados a arrancar toda la papa y echarla en costales para llevársela. Ya estaban terminando la recolección. Ellas estaban muy asustadas, empezaron a tocar la campana, a reventar unos totes que les habían sobrado de Navidad y a invocar a San José pidiéndole que trajera a los doce apóstoles en su ayuda. Y gritaban: Poderoso José, nos están robando. Por favor, venga inmediatamente con Pedro y Pablo, Juan, Andrés, Mateo y Bartolomé, Santiago y Tadeo. Los ladrones al escuchar el griterío, la reventada de los totes y oír llamar a tantos hombres, subieron veloces al camión y huyeron, dejando toda la cosecha de papa ya enconstalada. Las monjitas decían: "Qué simpático San José: nos hizo gratis la recolección de la cosecha y nos obsequió los costales". Los santos saben ayudar muy oportunamente.
  • Un muchacho campesino se había ido a la ciudad y allá las malas amistades le hicieron perder la fe y abandonar la religión. Después de bastante tiempo, volvió a su casa un mes de marzo y encontró en la sala un altar bien adornado. Preguntó de qué se trataba y sus hermanas le contaron que la mamá era muy devota de San José y empezaría ese día la novena al gran santo. Él dijo que no creía en esas cosas, pero sus hermanas le aconsejaron que no dijera eso a la mamá porque la haría sufrir mucho. Aquella noche toda la familia se reunió alrededor del cuadro de San José y la mamá de rodillas entonó la novena al santo. El muchachote asistía de pie con las manos en los bolsillos. A la segunda noche ya respondió algunas oraciones. A la octava noche ya rezó muy conmovido con sus hermanas de rodillas, y el día de la fiesta del santo cuando iban para la Misa, le dijo a la mamá: "Te doy una sorpresa: anoche me confesé y hoy voy a comulgar". La mamá lloró de alegría y exlcamó: "Oh Josecito bendito, yo bien sabía que tú me convertirías a este hijo mío, porque te lo había encomendado con toda el alma". Desde entonces aquel joven siguió practicando fervorosamente su santa religión católica.
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