San Clemente I, Papa y mártir; San Columbano, abad
23 noviembre, 2019
Santa Catalina de Alejandría, virgen y mártir
25 noviembre, 2019

Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo

II Samuel 5, 1-3

1 Vinieron todas las tribus de Israel donde David a Hebrón y le dijeron: «Mira: hueso tuyo y carne tuya somos nosotros. 2 Ya de antes, cuando Saúl era nuestro rey, eras tú el que dirigías las entradas y salidas de Israel. Yahveh te ha dicho: Tú apacentarás a mi pueblo Israel, tú serás el caudillo de Israel.» 3 Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel donde el rey, a Hebrón. El rey David hizo un pacto con ellos en Hebrón, en presencia de Yahveh, y ungieron a David como rey de Israel.

 

Salmo 122, 1-5

¡Oh, qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la Casa de Yahveh! 2 ¡Ya estamos, ya se posan nuestros pies en tus puertas, Jerusalén!

3 Jerusalén, construida cual ciudad de compacta armonía.

4 A donde suben las tribus, las tribus de Yahveh, es para Israel el motivo de dar gracias al nombre de Yahveh. 5 Porque allí están los tronos para el juicio, los tronos de la casa de David.

 

Colosenses 1, 12-20

12 Gracias al Padre que os ha hecho aptos para participar en la herencia de los santos en la luz. 13 El nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al Reino del Hijo de su amor, 14 en quien tenemos la redención: el perdón de los pecados. 15 El es Imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación, 16 porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él, 17 él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia. 18 El es también la Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia: El es el Principio, el Primogénito de entre los muertos, para que sea él el primero en todo, 19 pues Dios tuvo a bien hacer residir en él toda la Plenitud, 20 y reconciliar por él y para él todas las cosas, pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos.

 

Lucas 23, 35-43

35 Estaba el pueblo mirando; los magistrados hacían muecas diciendo: «A otros salvó; que se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios, el Elegido.» 36 También los soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre 37 y le decían: «Si tú eres el Rey de los judíos, ¡sálvate!» 38 Había encima de él una inscripción: «Este es el Rey de los judíos.» 39 Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!» 40 Pero el otro le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? 41 Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho.» 42 Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino.» 43 Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.»