1° Invocación al Espíritu Santo

Entrégale a Jesús todas tus preocupaciones, es decir, todas aquellas espinas y abrojos que pueden ahogar Su Palabra en tu vida e invoca al Espíritu Santo como quien va a recibir un gran regalo en su corazón diciendo:

Ven Espíritu Santo, ven por medio de la poderosa intercesión del Inmaculado Corazón de María, tu amadísima Esposa.

2° Lectio (lectura)

¿Qué dice el texto?

Lee detenidamente el texto. Al leer, deja que esas palabras vayan entrando en tu corazón pues Dios no nos pide nuestras fuerzas, nos pide que seamos dóciles. Te recomendamos leer alguno de los textos que la Iglesia presenta en las Lecturas del día.

3° Eco

¿Qué palabra o frase resuena en mi corazón?

Es aquella palabra o frase a través de la cual Dios te quiere hablar. Deja que el Espíritu Santo ponga esa frase en tu corazón y cópiala. Para ello, no te preocupes si necesitas releer varias veces el texto.

4° Meditatio (meditación)

¿Qué me dice el Señor a través de este ECO?

En la meditación se trata de dejarte interpelar, es decir, dejarte moldear por la Palabra de Dios, específicamente a través del ECO que el Espíritu Santo te regale; por eso es importante que te centres en él. Te recomendamos escribir qué es lo que el Señor te quiere decir a ti, en tu vida, en tu situación concreta (no al vecino).

5° Collatio (compartir)

Edifica a los demás.

Compartir es un acto de generosidad para la edificación de la Iglesia. Por eso, no dudes en compartir lo que te ha dicho el Señor a un amigo y si estás haciendo esta oración en comunidad, entre las personas que la están realizando.

6° Oratio (oración)

¿Qué le respondo a Dios a partir de lo que Él me ha dicho?

A través de la oración, respóndele al Señor, con sencillez, con tus palabras, ya sea como alabanza, acción de gracias, petición, adoración o perdón; a lo que Él te ha dicho a través de su Palabra. También te recomendamos que escribas tu oración.

7° Contemplatio (contemplación)

Me dejo amar por Dios, ya sin palabras…

La contemplación no es un esfuerzo humano, se trata más bien de dejarse amar por Dios, dejar que su Palabra anide en el corazón para que dé fruto abundante, en unos el ciento, en otros el sesenta y en otros el treinta por uno.

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