Palabra meditada
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Palabra meditada
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Palabra meditada

ECO

“Velen, pues, orando en todo tiempo…” Lucas 21, 34-36

MEDITACIÓN

Nuestro Señor Jesucristo nos amó y nos ama hasta el mayor extremo; por eso dió su Vida por nosotros. En repetidas ocasiones nos insiste en la necesidad de orar. Para mí, la oración es como el aire para nuestros pulmones. Sin ella, el demonio, el mundo y la carne nos asfixian y morimos temporal y eternamente. Quisiera que todos, sin excepción, nos concientizáramos de esta verdad. No podemos vivir sin elevar nuestro corazón al Autor de nuestra vida, de todo cuanto existe y del bien. La oración me coloca en la verdad de todo y de mi misma. Orar es hablar desde mi ser pequeñito y limitado en extremo, con Aquél que me creó y mantiene en el ser, en el bien, en el amor, me colma de su gracia y bendición y me atrae hacia Sí con lazos de infinita Ternura. Además, es la misma Misericordia y quiere que nos lancemos en Él como el pajarito en el aire o el pez en el océano.

ORACIÓN

Madre, haznos orantes. (A.E.C.)