XV Domingo Ordinario
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Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo (COL)
16 julio, 2019

San Buenaventura, obispo y doctor de la Iglesia

Éxodo 1, 8-14; 22

8 Se alzó en Egipto un nuevo rey, que nada sabía de José; 9 y que dijo a su pueblo: «Mirad, los israelitas son un pueblo más númeroso y fuerte que nosotros. 10 Tomemos precauciones contra él para que no siga multiplicándose, no sea que en caso de guerra se una también él a nuestros enemigos para luchar contra nosotros y salir del país.» 11 Les impusieron pues, capataces para aplastarlos bajo el peso de duros trabajos; y así edificaron para Faraón las ciudades de depósito: Pitom y Ramsés. 12 Pero cuanto más les oprimían, tanto más crecían y se multiplicaban, de modo que los egipcios llegaron a temer a los israelitas. 13 Y redujeron a cruel servidumbre a los israelitas, 14 les amargaron la vida con rudos trabajos de arcilla y ladrillos, con toda suerte de labores del campo y toda clase de servidumbre que les imponían por crueldad.

22 Entonces Faraón dio a todo su pueblo esta orden: «Todo niño que nazca lo echaréis al Río; pero a las niñas las dejaréis con vida.»

 

Salmo 124, 1-3; 4-6; 7-8

1 Canción de las subidas. De David. Si Yahveh no hubiera estado por nosotros, – que lo diga Israel – 2 si Yahveh no hubiera estado por nosotros, cuando contra nosotros se alzaron los hombres, 3 vivos entonces nos habrían tragado en el fuego de su cólera.

4 Entonces las aguas nos habrían anegado, habría pasado sobre nosotros un torrente, 5 habrían pasado entonces sobre nuestra alma aguas voraginosas. 6 ¡Bendito sea Yahveh que no nos hizo presa de sus dientes!

7 Nuestra alma como un pájaro escapó del lazo de los cazadores. El lazo se rompió y nosotros escapamos; 8 nuestro socorro en el nombre de Yahveh, que hizo el cielo y la tierra.

 

Mateo 10, 34–11, 1

10 34 «No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. 35 Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; 36 y enemigos de cada cual serán los que conviven con él. 37 «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. 38 El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. 39 El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. 40 «Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. 41 «Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá. 42 «Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa.»

11 1 Y sucedió que, cuando acabó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.