San Francisco de Asís
4 octubre, 2019
XXVII Domingo Ordinario
6 octubre, 2019

Santa Faustina, virgen

Baruc 4, 5-12; 27-29

5 ¡Animo, pueblo mío, memorial de Israel! 6 Vendidos habéis sido a las naciones, mas no para la destrucción. Por haber provocado la ira de Dios, habéis sido entregados a los enemigos. 7 Pues irritasteis a vuestro Creador, sacrificando a los demonios y no a Dios. 8 Olvidasteis al Dios eterno, el que os sustenta, y afligisteis a Jerusalén, la que os crió. 9 Pues vio ella caer sobre vosotros la ira que viene de Dios, y dijo: Escuchad, vecinas de Sión: Dios me ha enviado un gran dolor: 10 he visto el cautiverio de mis hijos y mis hijas que el Eterno hizo venir sobre ellos. 11 Con gozo los había yo criado, y los he despedido con lágrimas y duelo. 12 Que nadie se regocije de mí, la viuda abandonada de tantos; estoy en soledad por los pecados de mis hijos, porque se desviaron de la Ley de Dios.

27 ¡Animo, hijos, clamad a Dios! pues el que os trajo esto se acordará de vosotros; 28 y como vuestro pensamiento sólo fue de alejaros de Dios, vueltos a él, buscadle con ardor diez veces mayor. 29 Pues el que trajo sobre vosotros estos males os traerá la alegría eterna con vuestra salvación.

 

Salmo 69, 33-37

33 Lo han visto los humildes y se alegran; ¡viva vuestro corazón, los que buscáis a Dios! 34 Porque Yahveh escucha a los pobres, no desprecia a sus cautivos. 35 ¡Alábenle los cielos y la tierra, el mar y cuanto bulle en él!

36 Pues salvará Dios a Sión, reconstruirá las ciudades de Judá: habitarán allí y las poseerán; 37 la heredará la estirpe de sus siervos, los que aman su nombre en ella morarán.

 

Lucas 10, 17-24

17 Regresaron los 72 alegres, diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.» 18 Él les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. 19 Mirad, os he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada os podrá hacer daño; 20 pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos.» 21 En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo, y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. 22 Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.» 23 Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! 24 Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.»