San Antonio María Zaccaría, presbítero
5 julio, 2019
XIV Domingo Ordinario
7 julio, 2019

Santa María Goretti, virgen y mártir

Génesis 27, 1-5; 15-29

1 Como hubiese envejecido Isaac, y no viese ya por tener debilitados sus ojos, llamó a Esaú, su hijo mayor: ¡Hijo mío!» El cual le respondió: «Aquí estoy.» 2 «Mira, dijo, me he hecho viejo e ignoro el día de mi muerte. 3 Así pues, toma tus saetas, tu aljaba y tu arco, sal al campo y me cazas alguna pieza. 4 Luego me haces un guiso suculento, como a mí me gusta, y me lo traes para que lo coma, a fin de que mi alma te bendiga antes que me muera.» 5 – Ahora bien, Rebeca estaba escuchando la conversación de Isaac con su hijo Esaú. – Esaú se fue al campo a cazar alguna pieza para el padre.

15 Después tomó Rebeca ropas de Esaú, su hijo mayor, las más preciosas que tenía en casa, y vistió a Jacob, su hijo pequeño. 16 Luego, con las pieles de los cabritos le cubrió las manos y la parte lampiña del cuello, 17 y puso el guiso y el pan que había hecho en las manos de su hijo Jacob. 18 Este entró a donde su padre, y dijo: «¡Padre!» El respondió: «Aquí estoy; ¿quién eres, hijo?» 19 Jacob dijo a su padre: «Soy tu primogénito Esaú. He hecho como dijiste, Anda, levántate, siéntate, y come de mi caza, para que me bendiga tu alma.» 20 Dice Isaac a su hijo: «¡Qué listo has andado en hallarla, hijo!» – Respondió: «Sí; es que Yahveh, tu Dios, me la puso delante.» 21 Dice Isaac a Jacob: «Acércate, que te palpe, hijo, a ver si realmente eres o no mi hijo Esaú.» 22 Acercóse Jacob a su padre Isaac, el cual le palpó y dijo: «La voz es la de Jacob, pero las manos son las manos de Esaú.» 23 Y no le reconoció, porque sus manos estaban velludas, como las de su hermano Esaú. Y se dispuso a bendecirle. 24 Dijo, pues: «¿Eres tú realmente mi hijo Esaú?» Respondió: «El mismo.» 25 Dijo entonces: «acércamelo, que coma de la caza, hijo, para que te bendiga mi alma.» Acercóle, y comió; le trajo también vino, y bebió. 26 Dícele su padre Isaac: «Acércate y bésame, hijo.» 27 El se acercó y le besó, y al aspirar Isaac el aroma de sus ropas, le bendijo diciendo: «Mira, el aroma de mi hijo como el aroma de un campo, que ha bendecido Yahveh. 28 ¡Pues que Dios te dé el rocío del cielo y la grosura de la tierra, mucho trigo y mosto! 29 Sírvante pueblos, adórente naciones, sé señor de tus hermanos y adórente los hijos de tu madre. ¡Quien te maldijere, maldito sea, y quien te bendijere, sea bendito!»

 

Salmo 135, 1-6

1 ¡Aleluya! Alabad el nombre de Yahveh, alabad, servidores de Yahveh, 2 que servís en la Casa de Yahveh, en los atrios de la Casa del Dios nuestro.

3 Alabad a Yahveh, porque es bueno Yahveh, salmodiad a su nombre, que es amable. 4 Pues Yahveh se ha elegido a Jacob, a Israel, como su propiedad.

5 Bien sé yo que es grande Yahveh, nuestro Señor más que todos los dioses. 6 Todo cuanto agrada a Yahveh, lo hace en el cielo y en la tierra, en los mares y en todos los abismos.

 

Mateo 9, 14-17

14 Entonces se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?» 15 Jesús les dijo: «Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán. 16 Nadie echa un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, porque lo añadido tira del vestido, y se produce un desgarrón peor. 17 Ni tampoco se echa vino nuevo en pellejos viejos; pues de otro modo, los pellejos revientan, el vino se derrama, y los pellejos se echan a perder; sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos, y así ambos se conservan.»