Santísimo Nombre de María
12 septiembre, 2020
Feria
14 septiembre, 2020

XXIV Domingo Ordinario

Eclesiástico 27, 30–28, 9

27 30 Rencor e ira son también abominables, esa es la propiedad del pecador.

28 1 El que se venga, sufrirá venganza del Señor, que cuenta exacta llevará de sus pecados. 2 Perdona a tu prójimo el agravio, y, en cuanto lo pidas, te serán perdonados tus pecados. 3 Hombre que a hombre guarda ira, ¿cómo del Señor espera curación? 4 De un hombre como él piedad no tiene, ¡y pide perdón por sus propios pecados! 5 El, que sólo es carne, guarda rencor, ¿quién obtendrá el perdón de sus pecados? 6 Acuérdate de las postrimerías, y deja ya de odiar, recuerda la corrupción y la muerte, y sé fiel a los mandamientos. 7 Recuerda los mandamientos, y no tengas rencor a tu prójimo, recuerda la alianza del Altísimo, y pasa por alto la ofensa. 8 Absténte de disputas y evitarás el pecado, porque el apasionado atiza las disputas. 9 El pecador enzarza a los amigos, entre los que están en paz siembra discordia.

 

Salmo 103, 1-4; 9-12

1 De David. Bendice a Yahveh, alma mía, del fondo de mi ser, su santo nombre, 2 bendice a Yahveh, alma mía, no olvides sus muchos beneficios.

3 El, que todas tus culpas perdona, que cura todas tus dolencias, 4 rescata tu vida de la fosa, te corona de amor y de ternura.

9 No se querella eternamente ni para siempre guarda su rencor; 10 no nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas.

11 Como se alzan los cielos por encima de la tierra, así de grande es su amor para quienes le temen; 12 tan lejos como está el oriente del ocaso aleja él de nosotros nuestras rebeldías.

 

Romanos 14, 7-9

7 Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo. 8 Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ya vivamos ya muramos, del Señor somos. 9 Porque Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos.

 

Mateo 18, 21-35

21 Pedro se acercó entonces y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?» 22 Dícele Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.» 23 «Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. 24 Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. 25 Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. 26 Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: “Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré.” 27 Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. 28 Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: “Paga lo que debes.” 29 Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: “Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré.” 30 Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. 31 Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. 32 Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: “Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. 33 ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?” 34 Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. 35 Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano.»